Un canto en lenguaje olvidado del océano. Enmedio de una noche, un incendio y un libro, el crepitar del fuego en los cañaverales. Una vegetación azul noche ingresa en una casa, los lamentos de los muertos, los gritos de victoria y el olor persistente de la tierra, y el salitre. La primera oscuridad, alejada de la tierra cotidiana, entreteje las hebras de la comunidad tutelar, la laguna. En las canciones indescifrables, se escuchan los gruñidos, los llantos, los susurros… … Y un ritual, sumergido en un tiempo de ensueño, al que el delicado ojo de los drones no puede ver. ‘un tejido de imágenes fugitivas que sirve de lugar incierto’