Cuerpos en movimiento. Cuerpos desbordados, cuerpos que violan las reglas escritas y tácitas. Cuerpos que se sustraen a la posición que les ha otorgado un sistema que los aplasta. Un gesto de libertad, el ejercicio de lo que he llamado el derecho a la fuga: la materialidad irreductible en el origen de la migración. Y entorno a la migración tienen lugar algunos de los conflictos más violentos -literalmente letales- que marcan nuestro presente global.
El movimiento parece definir la época en que vivimos, los límites trastocados y aniquilados por la circulación de las mercancías y los capitales, por los “estilos de vida” y por las “culturas”, por los nuevos paradigmas tecnológicos que modelan y transforman nuestra experiencia cotidiana. Pero en muchas partes del mundo se acorazan contra prófugos y migrantes: la movilidad humana debe ser organizada según jerarquías inflexibles, trazadas a lo largo de las divisiones de clase, de género, de “raza”, y según parámetros muy precisos de utilidad económica y demográfica. La migración, el movimiento obstinado de mujeres y hombres traspasando los límites, desafía las jerarquías y pone en discusión estos parámetros. Tanto de forma elemental como radical, la migración escenifica frente a nuestros ojos la injusticia del mundo en que vivimos. Y nos obliga a mirar por encima de este mundo, a imaginar su transformación.
Las imágenes de las migraciones, hoy, son muchas veces de una dureza intolerable: náufragos, muertos en el mar y en los desiertos, detenidos, suspensión de la vida en los campos de tránsito. Y luego muros, barreras, alambre de púas, dispositivos de algún modo “arcaicos” que se combinan con procesos de digitalización del control fronterizo. No podemos y no queremos olvidar estas imágenes. Detrás de ellas, en su negativo, debemos aún encontrar la fuerza de una multitud de cuerpos en movimiento, cuyas líneas de fuga trazan los contornos de una crítica radical de lo existente.


Sandro Mezzadra

Curador


Los cuerpos migratorios son por esencia cuerpos insurgentes. Cuerpos que resisten y subvierten líneas que fueron dibujadas por las potencias anónimas, para definir territorios, separar los países pobres de los países ricos. Son cuerpos perseguidos por dispositivos de monitorización de cuerpo cada vez más sofisticados. Cámaras de visión nocturna, sensores de CO2, sensores de ruido y de movimiento, de lectura de la edad ósea. Todos los medios posibles están utilizados para perseguir al ser humano que intenta penetrar en un sistema que lo rechaza. Frente a esta vigilancia, el sistema D: las huellas dactilares son quemadas con ácido, el dinero del banco es escondido en el cinturón, se colocan clavos en los zapatos para escalar la pared. El hombre lucha solo contra las grandes máquinas y no se debilita.
Con toda la fuerza y el optimismo de su juventud, africanos tratan de cruzar el muro que los separa del enclave español de Melilla (Les Sauteurs). Mientras esperan para pasar, construyen una comunidad efímera en el monte Gurugú. Celebraciones preceden a los intentos de subir la pared. Bailes, canciones, oraciones, partidos de fútbol, todos los medios son buenos para no perder la esperanza, el entusiasmo que les empuja a subir, a pesar de los riesgos, a pesar de la muerte de los que fracasaron. La migración es también una cuestión de creencia.
Mientras esperan para pasar, los migrantes ocupan estos espacios intermediarios, entre dos países, entre las ruedas de un camión. Para quien logra pasar, comienza la errancia a través de una Europa administrativa (I am Dubin). Los años pasan, de una oficina a otra, de un refugio a otro. El adolescente que había cruzado la frontera gradualmente se convierte en un hombre, antes de obtener un derecho de residencia.
Todas estas películas tienen en común el hecho de dar voz a aquellos que no la tienen, aquellos que son ‘invisibles’, ‘imposibles de encontrar’. No quiero recordar las palabras de los que custodian la frontera. Excepto quizás aquella, melancólica, de un francotirador kurdo que deambula por una ciudad en ruinas (The Sniper of Kobani) quien se encuentra perseguido por el recuerdo de las personas que ha matado, para recuperar un territorio sacudido por la guerra.


Clarisse Hahn

Directora y curadora



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